NAVIDAD, ESPERANZA

Jesús nos trae la esperanza.

Es la esperanza de la navidad: amor y perdón.

En la iconografia de la abanquinidad,

éstos son los primeros rayos de un nuevo día.

Así empieza un tiempo nuevo:

Nuevos aires, renovadas ideas…

Mil perdones, otras tantas promesas.

Es que la dinámica: amor y perdón crea la armonía.

En Santiago de Abancay se pierde en la nebulosa del tiempo la llegada del Niño Rey.

Ese niño que se escapa gateando del regazo de su madre.

El niño rey sale a la puerta de la catedral atraído por música de violines y mandolinas.

La «vieja» corre hacia él y lo levanta.

La gente sonríe y aplaude alborozada.

Ha salido el niño Rey y los negrillos vestidos de seda y espejuelos…

El capataz y la dama tocando la campanita y la sonaja, ejecutan sus mejores figuras.

– ¿De dónde sacaste ese niño vieja? Dice el viejo apoyado en su bastón.

– ¿No ves que es el Niño Rey, viejo olvidadizo?

– ¡Viva el Niño Rey! dice el viejo a voz en cuello.

La gente corea… ¡Viva por siempre!

El niño baja al piso zafándose de los brazos de la vieja, camina a tientas.

Sube las escaleras del atrio y entra a la catedral.

La gente está feliz de haber visto al Niño Rey.

El capitán, la dama y los peones de la cuadrilla siguen bailando.

Las coreografías van de atrás para adelante y adelante para atrás.

Abancay está de fiesta: es tiempo de navidad.

«Los negrillos adoradores»: una simbiosis cultural de cientos de años.

Vestimenta de árabes andaluces, música castiza y bailadores indígenas.

La navidad se lleva en las nervaduras de la mente.

Vive en lo más profundo de los corazones abanquinos.

Sobre todo en la memoria colectiva de esta casa mestiza de conquistadores y conquistados.

Es tiempo de navidad: tiempo de amor y perdón.

FOTO: «Raya el nuevo día en el macizo Ampay»

COLECC. Ju Di An.

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